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jueves, 15 de diciembre de 2011

¿A quien se le ocurre?








Hay un antes y un despues, despues de 1968. Muchas cosas cambiaron, la primavera de Praga, la Velvet underground, la sorbona y Paris en llamas. Fueron realistas y pidieron lo imposible. Pero en 1968 un tipo larguirucho con un chandal Gamas azul marino, que no oscuro, dió la campanada y les dió lo imposible. Entrado el verano y cuando todo el mundo daba la locura de primavera por acabada, este tio se saco de la manga una pirueta mortal y genial.


Cuando uno ve como se ejecutaban los saltos de altura antes de Fosbury, si se aguanta uno la risa, comprende uno que el mundo estaba contrahecho y que o espabilabamos o nos las iban a dar todas en el mismo carrillo. Fosbury, la clase y el arrojo, antes de él la ordinariez y la tetraplejía.
¿A quien se le ocurre saltar 2,24 cm de espaldas y caer de nuca? Pues a un heroe para una nueva generación que se arriesga, que pide lo imposible y lo consigue. Antes de él, los saltadores se avalanzaban al listón como si fueran a subirse a un tranvía en marcha, haciendo una tijereta ridicula, como si fueran a entrar a la comba o de boca cual salto del tigre sin objetivo sexual alguno. Hubieran consequido eliminar el salto como disciplina olímpica de haber continuado en su actitud patética, ¿quien les recuerda ahora? Nadie y les hacemos un favor, francamente.
Pero en el verano del 68 dos tipos saltarines, uno negro y otro blancucho se pusieron a dar brincos sea horizontal o verticalmente y dejaron al mundo boquiabierto. Demonstraron mucho antes de los chandal de tactel, que se podía volar con un chandal retro y/o unos pantaloncitos ridiculamente cortos.
Ser un "Fosbury" es el equivalente de persona lanzada, un poco alunada, un tio que está más para allá que para acá. Exacto 2, 24cm por encima del suelo. Con dos cojones.